¿Quién es más inteligente, un perro o un gato?

¿Quién es más inteligente, un perro o un gato?

Probablemente, no haya un debate más estéril dentro del mundo de los que amamos a los animales, que el discutir entre qué  animal es más inteligente si un perro o un gato, para concluir qué animal es mejor de los dos.

Es un debate completamente estéril, decimos, porque no se puede en ningún caso hablar de un animal mejor o peor que otro, habrá animales más capaces en algunas áreas  y otros, lo serán en otras distintas.

Si hablamos de inteligencia algo de lo que a los humanos nos gusta hacer alarde en primer lugar deberemos definir  qué entendemos por inteligencia.

Etimológicamente viene del griego intellegere (inte = entre y llegere = escoger), es decir, escoger entre algo, la capacidad de elegir.

Científicamente podemos hablar de dos tipos de inteligencias: la inteligencia psicológica que definiremos como la capacidad de aprendizaje, y la inteligencia biológica que será la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones.

Intuitivamente, cualquier persona que haya convivido con perros y gatos rápidamente se habrá percatado de que la inteligencia psicológica en el perro es muy superior a la del gato: un perro está mucho más dotado para aprender comportamientos nuevos que un gato, sin embargo, en la inteligencia biológica gana el gato, ya que es capaz de sobrevivir en condiciones más adversas: por ejemplo, un gato abandonado sobrevivirá con mayor facilidad que un perro.

Hace unos año (2009) la revista científica NewScientist publicó un estudio comparativo entre la inteligencia canina y gatuna que corroboraba lo anterior, en la que comparaba 11 marcadores:  el resultado fue de 6-5 a favor de los perros, aunque desde nuestro punto de vista no se trata más que de un empate técnico.

Las once categorías y su respectivo vencedor fueron:

  • El cerebro. Ganador el gato, que sus 300.000 neuronas casi duplican en número a las de perro.
  • La domesticación. Ganador el perro que fue domesticado hace 16.000 años, frente a los 9.000 del gato. Interpretable como inteligencia adaptativa.
  • El sentido afectivo. Ganador el perro, ya que el vínculo que se establece entre una persona y su perro es mucho más fuerte (y bidireccional) que el establecido con un gato. Este mismo estudio demuestra la gran similitud entre este vínculo y el paterno- filial
  • La popularidad. En este apartado gana el gato. En el mundo existen 200 millones de gatos como mascotas frente a los 175 millones de perros.
  • El entendimiento. Ganador el perro que es más hábil a la hora de interpretar nuestras emociones (y la de otros animales) con su lenguaje corporal  y observando el rostro.
  • La solución a problemas. El perro se mostró más eficiente a la hora de enfrentarse a nuevos retos y obtener la mejor solución.
  • La vocalización. Aquí hablaríamos de un empate técnico que decantaríamos a favor del gato porque, si bien el perro posee más riqueza vocal, los gatos detectan mejor cambios más sutiles.
  • La adaptabilidad. Ganador el perro, al tratarse de un animal social conseguía adecuarse mejor a los cambios generados: al cambiar de manada, de entorno, etc.
  • Los sentidos. Ganador el gato al tenerlos más desarrollados.
  • La ecología. Ganador el gato, generando menos residuos y siendo más amigable con el medio ambiente.
  • La utilidad. Por goleada el perro es mucho más versátil y operativo para el ser humano en múltiples disciplinas: rescate en accidentes, perros policías, asistentes para discapacitados, etc.

Como podemos observar, algunas de las categorías estudiadas están, como se dice vulgarmente, un poco “traídas por los pelos”, ya que no parecen muy indicativa de la inteligencia, como la ecología, la popularidad o la domesticación.

En general, podemos concluir que el perro es un animal social, vive en manada y por tanto es más útil para el ser humano. Además, tiene una mayor capacidad de empatía por lo que son ideales para terapias o simplemente como compañía. Su capacidad de aprendizaje es asombrosa pero, ojo, porque responden mejor a los estímulos (para ellos unas palabras amables a modo de premio, o incluso, que el líder de la manada le obsequie con un delicioso bocado es mucho más importante que para un gato).

Fisiológicamente, sin embargo, el gato es superior: tiene los sentidos más desarrollados y el cerebro con mayor número de neuronas. Sin embargo, es ese menor gregarismo, esa menor necesidad de agruparse, ese mayor individualismo lo que hace que sea mucho más difícil enseñar a un gato, o que el gato aprenda cosas nuevas o sea capaces de resolver problemas: fundamentalmente es por falta de motivación.

Podemos concluir que desde parámetros humanos, al ser también nosotros animales gregarios, el perro es más inteligente y capaz que el gato, pero sólo por similitud y simbiosis: el perro y el hombre se necesitan, mientras el gato es más independiente.

Créditos imagen: http://a.abcnews.com

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