Dermatitis canina: causas, síntomas y tratamiento

Dermatitis canina: causas, síntomas y tratamiento

Una de las enfermedades más frecuentes en nuestros perros domésticos es la dermatitis atópica (se calcula que entre un 10% o un 15% de los perros lo padecen, llegando a superar el 30% en razas como el West Highland Terrier o el Bulldog francés). Se trata de una enfermedad muy compleja, y como vemos, de una muy fuerte predisposición genética y determinada también por factores extrínsecos (alérgenos).

El aspecto genético nos lo determina una predisposición hereditaria a una elevada producción inmunoglobulina (IgE), un anticuerpo que aumenta la respuesta inmunológica a ciertos agentes produciendo reacciones inflamatorias (picor, irritaciones, etc.). También existe una alteración de la barrera lipídica epidérmica en perros atópicos.

Respecto a los factores extrínsecos, la dermatitis atópica canina (DAC) puede ser producida por una gran variedad de alérgenos y, además, sus sintomas se confunden con la dermatitis por alergia a las picaduras de pulga (DAPP) e incluso con una alergia alimentaria.

Los alérgenos más usuales, los sospechosos habituales, se clasifican en dos grupos:

  • Estacionales: pólenes de plantas y árboles
  • No estacionales: ácaros, hongos, telas, plumas, insectos, etc.

En un caso de dermatitis alérgica, sea atópica, por picadura de pulga o alimentaria, hemos de actuar en varios frentes, en primer lugar, para aislar y, en la medida de lo posible, evitar el agente alérgeno; y en segundo lugar, para paliar y eliminar la sintomatología.

Por tanto, lo ideal sería realizar unas pruebas de alergia para determinar a ciencia cierta qué agente, ya sea ambiental, pulga o alimentario, es el responsable. Esas pruebas vienen a tener un coste entre 150 y 200 euros, pero no son del todo fiables ya que, por ejemplo, su resultado dependerá del período del año en el que se realicen (agentes ambientales estacionales)  y de otros factores, pero sí nos van a ayudar a determinar las sustancias que a utilizar en una inmunoterapia.

Actuaremos, por tanto, descartando los distintos alérgenos y observaremos la reacción del perro ante su presencia o ausencia. Por ejemplo, estudiaremos si la reacción se produce en mayor medida en alguna época concreta del año (agente extrínseco estacional), o en algún lugar concreto o al contacto con telas, plumas, etc. (agente extrínseco no estacional). También descartaremos la alergia a la picadura de la pulga con la administración mensual de pipeta antipulgas, o la colocación de un collar. Por último, también cuidaremos la alimentación de nuestro perro suministrándole pienso hipoalérgenico monoproteico hidrolizado.

Con los pasos anteriores, evitaremos en la medida de lo posible la exposición del perro al agente que le produce la alergia. Una vez que han aparecido los síntomas hemos de suministrarle glucocorticoides, con gran efecto antiinflamatorio y antipruriginoso pero con numerosos efectos secundarios (aumento del hambre, la sed y la orina, úlceras gátricas, dolencias hepática, diabetes, etc.) por lo que su administración habrá de realizarse con extremo cuidado y siempre bajo supervisión veterinaria.

También habremos de combatir la infección asociada suministrando antibióticos, de nuevo bajo estricta supervisión veterinaria.

De gran ayuda en la mejora sintomatológica es el uso de suplementos alimentarios ricos en ácidos grasos esenciales poliinsaturados (omega 3 y omega 6), que ya muchos piensos traen en su composición, y el frecuente lavado de la piel (baño) con champús que contengan ácido linoleico (para reforzar la barrera lipídica), vitamina E (por su efecto inmunorregulador) y piroctona olamina (efecto antiséptico).

Existen también en el mercado lociones y sprays que alivian en gran medida los sintomas de estas dermatitis.

Aunque el uso de antihistamínicos no está contraindicado en perros, su efectividad es muy inferior a la que tienen en los humanos.

Créditos imagen: http://commons.wikivet.net

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