Cómo afrontar la muerte de tu perro

Cómo afrontar la muerte de tu perro

Uno de los peores momentos en la vida de una persona es la pérdida de un ser querido. Cuando nuestra pareja, un familiar o un amigo fallece y deja de estar entre nosotros algo se rompe dentro de nosotros y deja una huella perdurable en nuestro interior: primero en forma de dolor (fase de duelo) y después en forma de recuerdo (fase de aceptación).

En menor medida, pero con un sentimiento muy cercano, lo mismo ocurre cuando es nuestro perro el que desaparece. El dolor que se sufre en esos terribles momentos es, a veces, motivo de mofa y burla por las personas que, estrechas de mente, no llegan a entender el dolor que produce la rotura del estrecho vínculo que se establece entre un humano y su perro, entre un perro y su humano.

Una forma de siempre estar en contacto con tu amigo ya fallecido es llevando sus restos en una joya en forma de colgantes para cenizas, que te hará tenerle siempre presente y que su recuerdo te haga grande.

Cierto es que en el momento en el que un perro comienza a formar parte de nuestra vida sabemos, o hemos de hacernos a la idea desde el primer momento, que lo hace con fecha de caducidad. Debemos ser conscientes que nuestro perro no va a sobrevivirnos y que su esperanza de vida rondará entre los 10 y los 13 años, aunque hay razas como los caniches enanos o los Shih Tzu cuya esperanza de vida es de 20 años, y otros como los shar pei o los mastines con una vida estimada de 7 años.

La mayoría de los fallecimientos de los perros domésticos acontece después de la terrible decisión de liberar a nuestro amigo de su sufrimiento procediendo a su sacrificio, decisión de la cual no hemos de sentirnos culpables sino orgullosos de haberle hecho un último favor. Es recomendable estar con nuestro perro en ese último instante haciendo que se sienta protegido y acompañado en ese último trance de su vida, del que él no va a ser consciente.

Después, hemos de afrontar un proceso de duelo, una intensa sensación de pérdida que, con el paso de las semanas, irá cediendo en intensidad. El proceso de duelo hemos de sentirlo y vivirlo, nunca habremos de reprimirlo, ya que será contraproducente y nos producirá un sufrimiento aún mayor.

Durante esta fase, hemos de enfocar nuestro dolor en actividades que nos permitan relajarnos, en compañía de seres queridos y enfocándonos en nuestro propio cuidado personal. El dolor que sentimos no es culpa nuestra y es algo perfectamente normal.

Hemos de evitar liberar ese sufrimiento en forma ira y agresividad, procurando no dejándonos llevar tampoco por la tristeza cuidándonos de no caer en depresión.

Elabora nuevas rutinas que sustituyan a las que tenías con él de sacarle a pasear, jugar, ponerle la comida, etc. Y, sobre todo, piensa en la buena vida que le has dado a tu perro y que está jugando alegre y feliz con su juguete favorito en el valhalla canino, allá donde quiera que esté.

Créditos imagen: https://i.cbc.ca

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