Cómo afecta la leishmaniasis a un perro

Cómo afecta la leishmaniasis a un perro

En el artículo de ayer, vimos quién y cómo transmitía la leishmaniasis (un insecto hematófago llamado flebotomo) y que afectaba tanto a humanos como perros. En humanos nos encontrábamos con una variante cutánea (que podía ser crónica) y otra variante que afectaba a órganos internos y de mayor gravedad que se presentaba en pacientes con el sistema inmunológico debilitado, por lo que, en humanos normalmente se trata de una enfermedad dermatológica sin excesiva gravedad.

Ojo de un perro con leishmaniasisTambién vimos que en los últimos años (a partir del 2009) se ha producido un aumento significativo en los casos detectados en humanos en España, en concreto en la zona suroeste de la provincia de Madrid.

Como dijimos, la leishmaniasis se trata de una enfermedad muy grave (mortal en la mayoría de los casos) cuando el afectado es un animal de la especie canina, presentando lo que se conoce como polimorfismo clínico, es decir, puede afectar a numerosos sistemas u órganos por lo que ha de añadirse en la mayoría de los diagnósticos.

Habitualmente el primer síntoma que observamos en el perro es la pérdida de pelo, fundamentalmente en torno a  los ojos, las orejas y la nariz.  Con el avance de la enfermedad, el perro pierde peso (pero no el apetito), apareciendo atrofia muscular, sobre todo por la cara (apariencia triste y envejecida), cansancio, fatiga y mucha debilidad. Comienzan a salirle heridas en la piel (cabeza y patas) para, posteriomente comenzar con insuficiencia renal. También se producen inflamación e infección en los ojos, así como, problemas neuronales y gastrointestinales.

Si la enfermedad no es detectada a tiempo, el riesgo de muerte es muy alta y las secuelas, en caso de sobrevivir dependen de los órganos que han sido afectados no llegándose a menudo a la recuperación total del perro. No existe la cura parasitológica para la enfermedad, sólo podemos resolver los síntomas clínicos. 

Aunque la leishmaniasis afecta a perros de ambos sexos y cualquier raza se ha detectado que los pastores alemanes y los bóxer están especialmente predispuestos a desarrollar la enfermedad. Además, afecta en mayor medida a perros menores de 3 años y de edad entre los 8 y los 10 años.

Sin embargo, hemos de tener claro que la enfermedad no se transmite de perros a humanos ni viceversa, sólo es transmitido por el flebotomo o mosca de la arena.

Créditos imagen: http://virgymr.files.wordpress.com

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